Herbario


martes, noviembre 28, 2006

En la escuela

La foto me la sacaron cuando tenía seis años, la misma edad que tienen ahora la mayoría de mis pequeños alumnos de dibujo y pintura.



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Mañana

tienes una entrevista. Ojalá salga todo lo mejor posible, ¡si supieras cuánto lo deseo...!


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Escrito hace un par de semanas

Hace más de quince días que estamos en la nueva casa. Es bonita, espaciosa, llena de posibilidades, aunque tenemos que arreglarla bien, limar detalles importantes que repercutirán en el aspecto final, si es que una casa tiene un aspecto final en algún momento.

Soy consciente de que los hogares se van construyendo poco a poco, con mimo, a no ser que se contrate a un decorador para que te lo deje como la fotografía de la página de una revista. Son cosas que no me interesan, que, me parece, no reflejan realmente la esencia de la persona, y, ante las cuales mucha gente demuestra un interés exagerado, como si se le fuese la vida en ello. Un lugar para vivir, un espacio con paredes y techo, un nido, es lo importante de verdad. Estaba dispuesta a venir a vivir aquí partiendo de una cama, sólo una cama, incluso ni eso hasta que la comprásemos, siempre se puede dormir en el suelo. Y las paredes se irían pintando: hoy una, mañana otra, y así hasta terminar con todas.

El verano representó, como cada año, una serie de gastos sin ninguna ganancia. Mis vacaciones no son como las de muchos; se limitan a unos cuantos días libres sin paga alguna. Y, pese a estar en cualquier otro lugar, como en casa de mamá, es necesario seguir pagando el alquiler y la comunidad, además de cumplir con otro plazo del coche.

De regreso, como siempre, la punzada de inseguridad respecto al trabajo. Afortunadamente sigo como el curso pasado y el anterior, aunque en estos momentos, sobre todo ahora, quisiera seguir, al menos, un poco mejor que siempre. Mamá me ha ayudado a comprar algunas cosas. Sin embargo, aunque muy agradecida, quisiera no tener que pedir ayuda económica a nadie. Por eso me veo en la obligación de gastar el dinero muy racionalmente y a menudo me siento molesta cuando pones mala cara a mis negativas de adquirir alguna cosa que no considero, al menos de momento, necesaria, o que me incline por el modelo de cortinas más asequible y lo repita en varias habitaciones, sobre todo porque soy yo quien tiene que pagarlo, sobre todo porque espero como agua de mayo que encuentres empleo.

Y ayer, después de una buena temporada, me sentí ansiosa y deprimida, insegura ante el futuro y aun ante el presente. Debemos hacer algo, es necesario, no pueden transcurrir los días de este modo. El dinero que gano está bien para mí pero para ambos no es suficiente. El problema no está en mí, sino en el dinero que tú deberías aportar, y sé que lo sabes y que te pesa, y sé que un empleo es lo que más deseas actualmente. Porque somos jóvenes, porque queremos emprender cosas, vivir la vida en plenitud, tener descendencia. Porque, simplemente, es necesario trabajar para subsistir, para sentirse útil en la sociedad, en la familia, en la pareja, en uno mismo. Y si te digo que tal vez debería cambiar de trabajo, buscar algo nuevo que me reporte más ganancias, en el fondo sé que lo digo por ti, más que por mí, y en el fondo sé también que no debería de ser así, que es injusto, aunque altruista. Por eso me da rabia que me digas y me repitas que me ponga en marcha, cuando no he dejado nunca de estarlo, que salga a hacerme fotos, copias del currículo, entregas en mano a los responsables de las empresas. Y yo te digo que, al menos hasta que termine el curso escolar, tengo un compromiso con quien me ha contratado, pero pareces no acabar de comprenderlo?

Me preguntas si acaso debieras tú moverte más. Creo sinceramente que sí. Debes de mostrarte en todo momento imparable, luchador, sin esconderte de nuevo tras un muro espeso construido con excusas. Y así es, aunque me cueste y me duela decirlo. Y sé también que aunque te duela, reconoces de igual modo que, al menos esta vez, tengo razón.


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