Herbario


martes, octubre 03, 2006

In memoriam

Hablé con mamá por teléfono hace un momento. Me dijo que ayer enterraron al tío Paco. Me quedé patidifusa, si bien la mala noticia era de esperar, ya que llevaba días en el hospital muy enfermo, muy bajo de defensas, acarreando una diabetes y una hepatitis C. No es la primera vez que había pasado por parecidas vicisitudes, aunque en esta ocasión ya no resistió el embate. Hace muchos años nos avisaban de que el tío estaba en la mesa de operaciones en espera de que le extirparan un tumor cerebral benigno. La misma operación tuvo que extenderse a intervenir en uno de sus pulmones como solución a una bonquiectasia.

Muy delgado, con la visión de un solo ojo y la respiración por un solo pulmón, afectado, sobre todo en las estaciones lluviosas, por el clima de su ciudad, gozaba de una alegría de vivir que no he visto en muchas personas. Le gustaban las películas, leer a Voltaire, pasarse buenas temporadas en una casita de la provincia de Teruel y los niños. En su juventud, si no llega a ser por haber conocido a la tía María, hubiese sido un gángster de cuidado, el mejor tahúr de su barrio. Se jubiló en la fábrica de botellas verdes del cava que todos conocemos. En sus ratos libres, además de otras muchas cosas, buscaba en la física la explicación al mundo, modelaba ceniceros de pasta de vidrio o fabricaba máquinas móviles o muñecos con tornillos soldados.

Siempre llevaba un bonito pastillero rococó, cual cajita de rapé.

Descansa en paz, querido tío.






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