Herbario


miércoles, septiembre 20, 2006

Tan sólo hace tres días que empezaste a trabajar. Ayer volviste exhausto, con los contornos de las uñas sangrando. He pasado muy mala tarde pensando en cómo estarías y el tiempo pasa lentísimo hasta la hora de tu regreso. ¡Maldito parné!




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martes, septiembre 19, 2006

Escrito el 11 de septiembre de 2006

Hace unos días que estamos en casa. El bochorno se ha apoderado de la buhardilla de un modo tan intenso que las últimas tardes han resultado sumamente agobiantes y hemos tenido que pasar buena parte del tiempo refugiados en las sombras de los grandes árboles del parque.




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viernes, septiembre 15, 2006

Escrito el 26 de agosto de 2006

M. nos invitó una tarde a su casa. Fue agradable quedarnos hablando unas cuantas horas de esto y de aquello, sin ninguna prisa, en plena camaradería. A. es una persona sumamente agradable, simpático, profesor como ella. Les llevamos como regalo porcelana de San Claudio fabricada en Oviedo, en una caja envuelta en papel de amapolas. El día 2 los veremos vestidos de novios dispuestos a casarse en una iglesia de la capital. Si llegamos pronto a Ourense, me encantará pasear contigo por el centro de la ciudad, sobre los pasos de muchos días de mi infancia. Como dentro de tres días es mi cumpleaños, M. y A. me han regalado una pequeña bandeja de artesanía de vidrio azul y me han dejado prestado un libro de Paul Klee del que puedo sacar algunas ideas para el curso que viene. Es una maravillosa casualidad que M. y yo ahora seamos prácticamente vecinas, tan sólo separadas por el río.


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II

Justo frente a nuestra casa está lo que fue, desde principios de los años sesenta, el Teleclub del pueblo. Hoy en día es la Casa da Cultura y alberga una biblioteca nutrida de volúmenes y colecciones muy interesantes -buena oportunidad para encontrar libros descatalogados- y cuidadas, además de ser un punto donde se puede consultar internet y la prensa diaria. Esta misma mañana nos hemos hecho el carné de socios. La persona que nos atendió me preguntó quién era -en verano el pueblo se llena de gente desconocida- y bastó con decir que era de la familia del L para iniciar una conversación que se extenderá a lo largo de los días siguientes.


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miércoles, septiembre 06, 2006

Escrito el 17 de agosto de 2006

Todo el día de ayer fue propicio para quedarse en casa: llovía. La llegada del agua supuso un acontecimiento parecido al que reciben, en contadas ocasiones, en el desierto o en los climas más secos. Apenas recordaba, en todo lo que va de verano, haber caído unas gotas fuertes y breves una madrugada del mes pasado en que tuve que levantarme apresuradamente de la cama para evitar que la ropa dejada a secar la noche anterior se mojara.

A la vista, las viñas del pueblo prometían ya una buena cosecha, aunque decían por aquí días atrás que era necesario un poco de lluvia antes de la vendimia con el fin de que los granos de los racimos engorden y hagan buen mosto. Esta mañana continuó la lluvia pero luego pudimos salir a dar un paseo sin tener que volver inmediatamente a casa. Sobre el reflejo del río planeaban las golondrinas sin rozar el agua, en busca de mosquitos. Las carpas saltaban pesadamente y los patos se sumergían durante minutos. El pueblo está en calma; las rosas y la flor de la calabaza un poco ajadas ya; higos, melocotones de viña, moras y uvas, reventones, en espera de la recogida.

Ha sido necesario ponerse un jersey. Creo que tengo faringitis incipiente.


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lunes, septiembre 04, 2006

Escrito el 14 de agosto de 2006

Después de una lucha dialéctica conseguimos convencer a tus padres para que viniesen a pasar junto a nosotros y mamá un fin de semana en Galicia. Los he visto disfrutar tanto del pueblo estos días atrás que me pregunto cuál sería la causa de su reticencia. Resulta más que absurdo pensar que tienen que atender a un nieto de veintiséis años, por mucho que esa sea la causa que ellos alegan, lo mismo que aquel gato que les dio tantos dolores de cabeza y les privó de vacaciones la friolera de catorce años. Difícil o imposible de creer. Si fuesen sinceros reconocerían que la causa está en una especie de fuerza centrípeta que los atrapa en el medio en que viven -cada vez más acusada a medida que cumplen años-, o de una pereza inmensa hacia todo lo que represente desplazamiento, trayecto, cambio, vehículo, maletas, distancia. Cuesta creer, de igual modo, que hace muchos años recorrieron toda España y vivieron aquí y allá, llegando incluso a traspasar las fronteras, aunque deseando volver a cada paso al lugar de origen, donde, asimismo, han tenido descendencia. Así que no me extrañó que quisiesen marcharse después de una estancia de dos días, ni tampoco que trajesen consigo una maleta con más equipaje que el que nosotros, los dos juntos, necesitamos para todo un mes, lo cual es señal de que, si bien viajaron mucho hace tiempo, jamás han llegado a ser viajeros al uso.


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