Escrito el 14 de agosto de 2006Después de una lucha dialéctica conseguimos convencer a tus padres para que viniesen a pasar junto a nosotros y mamá un fin de semana en Galicia. Los he visto disfrutar tanto del pueblo estos días atrás que me pregunto cuál sería la causa de su reticencia. Resulta más que absurdo pensar que tienen que atender a un nieto de veintiséis años, por mucho que esa sea la causa que ellos alegan, lo mismo que aquel gato que les dio tantos dolores de cabeza y les privó de vacaciones la friolera de catorce años. Difícil o imposible de creer. Si fuesen sinceros reconocerían que la causa está en una especie de fuerza centrípeta que los atrapa en el medio en que viven -cada vez más acusada a medida que cumplen años-, o de una pereza inmensa hacia todo lo que represente desplazamiento, trayecto, cambio, vehículo, maletas, distancia. Cuesta creer, de igual modo, que hace muchos años recorrieron toda España y vivieron aquí y allá, llegando incluso a traspasar las fronteras, aunque deseando volver a cada paso al lugar de origen, donde, asimismo, han tenido descendencia. Así que no me extrañó que quisiesen marcharse después de una estancia de dos días, ni tampoco que trajesen consigo una maleta con más equipaje que el que nosotros, los dos juntos, necesitamos para todo un mes, lo cual es señal de que, si bien viajaron mucho hace tiempo, jamás han llegado a ser viajeros al uso.