Bazares, ¡qué lugares!De vez en cuando se me da por entrar a fisgonear en alguno de los muchos bazares que regentan chinos en la ciudad. En general no me gustan nada los artículos que venden, paradigma del kitsch, es más, me pregunto cómo es posible que alguna gente tenga en sus casas figuras de falsa porcelana mal pintadas, ribeteadas de dorado, con lucecitas y hasta cascadas de agua, y que encima, las coloquen en el recibidor, a primera vista. En fin, gustos a parte, suelo buscar entre la quincalla, pequeñas cosas que me sirvan para hacer trabajos manuales -cordones, varillas, palillos, alambres, bolsas, globos, cajas de cartón, adhesivos, tapones, pinzas, cerillas, etc.-, además de explorar toda la sección de papelería en busca de artículos baratos y resultones como cuadernos, cartulinas, papel de regalo, pinceles, lápices, bolígrafos, tijeras, cola, sacapuntas, gomas de borrar, clips, encuadernadores, chinchetas y mil cosas más.
Hace un par de semanas, en una expedición de éstas a un establecimiento de la calle A., una de las más burguesas de esta ciudad, presencié una escena realmente desagradable. Un señor encorbatado, vestido como un pincel, perfumado y bronceado de lámpara de rayos UVA se puso a discutir encarnizadamente con la persona encargada y con una de sus empleadas porque éstos lo acusaron de llevarse un artículo sin pagar que había escondido bajo su chaqueta. La dependienta le advirtió que, o bien devolvía el artículo o abonaba la cantidad correspondiente, o se verían obligados a avisar a la policía. El otro, enfurecido y negándolo todo se puso a insultar gratuitamente a todo el que no fuese de su mismo país y raza, increpando al chino y a la cubana con gritos que alertaron a todos los clientes: -Ay madre, -decía una señora que estaba a la cola para pagar, -yo creo que esti paisanu ta mal de la cabeza; ya lo vi yo en otros sitios gritando así. La cosa no quedó así. Antes de salir, el supuesto desequilibrado se puso a advertir, a voz en grito una vez más, que cuidadito con él, que era abogado de profesión con quince años de experiencia.
Estupefacción
Luego pasé por el supermercado y volví a casa para la hora de comer.