Herbario


miércoles, mayo 31, 2006


Treinta y uno de mayo. Hoy finaliza mi contrato como monitora de dibujo y pintura en educación infantil. Se acaba el curso. Las vacaciones están muy cerca. Oficialmente vuelvo al paro, aunque no tengo intención de dejar de trabajar. Y os echaré mucho de menos, queridos niños. Ojalá volvamos a vernos el próximo otoño.


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lunes, mayo 22, 2006

Bazares, ¡qué lugares!

De vez en cuando se me da por entrar a fisgonear en alguno de los muchos bazares que regentan chinos en la ciudad. En general no me gustan nada los artículos que venden, paradigma del kitsch, es más, me pregunto cómo es posible que alguna gente tenga en sus casas figuras de falsa porcelana mal pintadas, ribeteadas de dorado, con lucecitas y hasta cascadas de agua, y que encima, las coloquen en el recibidor, a primera vista. En fin, gustos a parte, suelo buscar entre la quincalla, pequeñas cosas que me sirvan para hacer trabajos manuales -cordones, varillas, palillos, alambres, bolsas, globos, cajas de cartón, adhesivos, tapones, pinzas, cerillas, etc.-, además de explorar toda la sección de papelería en busca de artículos baratos y resultones como cuadernos, cartulinas, papel de regalo, pinceles, lápices, bolígrafos, tijeras, cola, sacapuntas, gomas de borrar, clips, encuadernadores, chinchetas y mil cosas más.

Hace un par de semanas, en una expedición de éstas a un establecimiento de la calle A., una de las más burguesas de esta ciudad, presencié una escena realmente desagradable. Un señor encorbatado, vestido como un pincel, perfumado y bronceado de lámpara de rayos UVA se puso a discutir encarnizadamente con la persona encargada y con una de sus empleadas porque éstos lo acusaron de llevarse un artículo sin pagar que había escondido bajo su chaqueta. La dependienta le advirtió que, o bien devolvía el artículo o abonaba la cantidad correspondiente, o se verían obligados a avisar a la policía. El otro, enfurecido y negándolo todo se puso a insultar gratuitamente a todo el que no fuese de su mismo país y raza, increpando al chino y a la cubana con gritos que alertaron a todos los clientes: -Ay madre, -decía una señora que estaba a la cola para pagar, -yo creo que esti paisanu ta mal de la cabeza; ya lo vi yo en otros sitios gritando así. La cosa no quedó así. Antes de salir, el supuesto desequilibrado se puso a advertir, a voz en grito una vez más, que cuidadito con él, que era abogado de profesión con quince años de experiencia.

Estupefacción

Luego pasé por el supermercado y volví a casa para la hora de comer.


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jueves, mayo 18, 2006

Amanece pronto y anochece tarde. El sol da directamente sobre las ventanas de la buhardilla durante algunas horas. Hace bastante calor. Te has marchado, inquieto, a otro lugar a estudiar. Luego tengo una clase frente a la catedral. Nos esperaremos a la salida, ya de noche, la ciudad solitaria y silenciosa, la gente recogida ya en sus casas en espera del viernes. Y nosotros caminando como dos novios sin prisas. Demasiadas farolas, pienso siempre durante el recorrido.

Sí, hace calor. Me he quedado en casa arreglando algunas cosas. He abierto todas las ventanas de par de par y tendido la ropa recién lavada con jabón de Marsella. Y ahora escucho un poco de música en francés -como aquélla que te cantaba el día que me recibiste en la estación-, y suena el reloj de la caja de ahorros dando las siete.

Me gustaría regalarte un tiesto de petunias moradas.


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jueves, mayo 04, 2006

Ayer me levanté con un dolor muy intenso en el lado izquierdo del cuello. Realmente no sé muy bien a qué pudo ser debido, aunque sospecho que a alguna mala postura de mi cabeza al volver a la cama, puesto que esa misma noche me desvelé a eso de las cuatro y me había levantado sin dolor a ver un poco la tele hasta que me entrase el sueño de nuevo. El caso es que el dolor continúa y hoy me he levantado también sin poder girar la cabeza hacia un lado. Tortícolis. Debe de estar muy tenso uno de mis esternocleidomastoideos, hablando en terminología científica. Así que esta tarde no acudiré a clase de yoga, pues me temo que no podré hacer más posturas que las estáticas sin giro alguno, justo ahora que ya domino con bastante estabilidad el parivrtta trikonasana. Me queda el fin de semana para descansar, a no ser que el dolor persistente me haga acudir al médico. Tan sólo me dedicaré a mis clases, para las que necesito, ante todo, mis apuntes y mi voz. Justo en un momento como éste, ayer mismo, después de la clase de pintura a los pequeños del colegio, uno de ellos, de tres años de edad, se quedó llorando en el suelo un buen rato porque se empeñó en que lo cogiese en brazos y le dije que no. Lágrimas de cocodrilo que se disiparon en cuanto tocó el timbre y cerré la puerta con llave. ¡Lo que me faltaba para el duro!

En junio hará tres años que practico yoga. Me ha beneficiado mucho tanto física como psicológicamente. Me ha hecho ser consciente de que mi cuerpo soy yo misma -no tenemos un cuerpo; somos un cuerpo-, y me permite saber, cada vez con más claridad, el punto exacto de cada pieza que me compone.

Mi último hallazgo al respecto, y se lo he hecho saber a mi profesora, es que me proporciona una visión clara para dibujar, y hasta me da la impresión de que también he mejorado mucho en la práctica artística.


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lunes, mayo 01, 2006

La fiesta del trabajo

El sintagma podría entenderse al menos de dos maneras, a saber: 1) un día de fiesta para descansar de determinada actividad laboral; 2) el trabajo es una fiesta. Mucho me temo que si llegase un extraterrestre a la Tierra tal día como hoy, sin previo aviso, y se topase con una frase tan ambigua, seguro pediría explicaciones para entender de qué se trata, sobre todo si observase que hoy no trabaja nadie -¿nadie?-, bueno, digamos una mayoría, y que la calle está llena de gente manifestándose por algo y hasta comiendo, bebiendo y cantando.

Más extraño resulta todavía un segundo sintagma referido a lo mismo: el día del trabajo. ¿Realmente sabemos lo que estamos diciendo?: -Mañana es festivo porque es el día del trabajo, -apunta Fulano. -Estupendo, -asiente Mengano. No sé, a mí estas cosas me desubican un poco, como al supuesto extraterrestre.

Se entiende por consenso que la fiesta del trabajo tiene como significado la primera acepción. Otra cuestión es si todos tenemos derecho a disfrutar de ella cada primero de mayo, o solamente aquéllos que, habiendo desempeñado el resto del año una actividad en un puesto de trabajo reconocido y oficial, se ven recompensados por sus jefes, de nuevo por consenso, con un día libre, y con derecho a pedir mejoras y ascenso de salario. Nadie habla de las personas que han trabajado hoy con ahínco, véanse camareros, amas de casa o dependientas de panadería entre otros. No he ido a ninguna manifestación; me he pasado el día trabajando, aunque fuese entre las paredes de mi casa.

Para variar, sí me ha gustado ver en los telediarios a los inmigrantes de Estados Unidos lanzándose a las calles, dejando notar su ausencia en los puestos que benefician y sirven a las White Anglo Saxon Persons, aunque, de nuevo, lo absurdo, o lo trágico, según como se mire, ha puesto el acento sobre la noticia: algunos de ellos marchaban con ilusión a manifestarse dejando claro que habían terminado su jornada laboral.


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Después de una larga temporada con servicio a internet interrumpido y defectuoso (véase wanadoo) puedo pemirtirme el lujo de volver a escribir cuando me entre en gana y poder publicarlo aquí. Muchas cosas se me han quedado en el fondo de la cabeza, como perdidas en un trastero, cosas que quería contar, si bien, por tratarse algunas de ellas de pequeños detalles o impresiones, se me han salido del encuadre de primer plano. Puede que me vaya acordando poco a poco; de todos modos espero tener siempre algo nuevo que decir.

Lo más nuevo, realmente, es que hemos comprado un coche. Quedó firmado el contrato antes del fin de semana, así que puede que nos lo entreguen en unos días. No hemos podido estrenarlo en el puente de mayo pero tendremos infinitas ocasiones, en lo sucesivo, de sacarlo a dar un paseo. Finalmente nos hemos decidido por un Renault Clio Campus, pues nos hicieron una excelente oferta calidad-precio. Planeando pequeñas escapadas, he pensado en Santillana del Mar (Cantabria), donde no he estado todavía.



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