El sábado pasado se celebró en la ciudad el gran día de carnaval. Siempre me ha parecido una costumbre excéntrica, sobre todo si se tiene en cuenta que para la sociedad conservadora, católica, apostólica, romana y bienpensante de la Vetusta de ayer y de hoy, estamos metidos en pleno período de cuaresma. Supongo que tanto el alcalde como muchos otros habrán obtenido una bula para desparramar en día tan señalado o se habrán confesado al día siguiente, durante la misa dominical, para expiar sus faltas. No, si ya lo dicen algunos católicos, que su religión es un chollo, desde el punto de vista de que si existe un arrepentimiento sincero siempre te perdonan, y luego, vuelta a empezar.Por mucho que lo intente, no me acostumbro a este modo de celebrar el carnaval. Después de preguntarme, no pocas veces, el porqué de esta conducta de los vetustenses, ingenua de mí, descubrí que cuando el jolgorio queda extinto en todos los demás lugares, aquí acaba de emerger, lo cual es un modo de atraer a la muchedumbre de los alrededores a la fiesta que todavía continúa. La ley de la competencia, sin más, por mucho que ya haya pasado el miércoles de ceniza y que les hayan impuesto a muchos en la frente, por propia voluntad, lo del pulver es et in pulverem reverteris.
Tampoco consigo entender del todo a estas alturas la fiesta de carnaval en sí misma, y no solamente porque en general me desagrade, -veo algo terrorífico en los antifaces, en los payasos, arlequines, máscaras venecianas, disfraces, colores fluorescentes, ángeles y demonios, fanfarrias, comparsas, estridencias-, sino porque el sentido pantagruélico de desenfreno bajo el anonimato, el aprovecha el momento antes de la penitencia de los cuarenta días que siguen al martes, ya no tiene razón de ser en una sociedad secularizada, con la excepción del sentido de preservar el patrimonio antropológico que algunos pueblos conservan con razón.
El sábado, en el centro, sentí por un momento que me faltaba el aire; ni un espacio vacío entre la multitud, y el cielo, tan arriba, cubierto de nubes espesas y calientes.
