Herbario


miércoles, enero 11, 2006



El domingo salimos a pasear por la mañana. Los espacios de aire que habitualmente parecen transparentes entre los edificios, los árboles y las calles, estaban rellenos de humo blanco de niebla. Pocas veces había visto la ciudad tras esa lente. No había nadie a esas horas; tan sólo nosotros, como si el mundo hubiese quedado para los dos, inmenso como es. En el parque, soledad, humedad, colores vegetales diluidos, imposibilidad de divisar la lejanía. Como no hacía frío me inundó, por vez primera desde hace un año, una sensación de inminente primavera, de promesa inquebrantable de verde nuevo.

Nuestros pasos nos llevaron hasta el tumulto del rastro, único lugar con vida los domingos, y más tarde, a atravesar la ciudad vieja hasta la Foncalada, y decidir, al azar, quedarnos a comer en un restaurante desconocido que nos invitó a entrar nada más leída la carta colocada en un caballete sobre el pavimento intransitado de la calle. Me encantó además la idea de poder acompañar mi comida con buen vino godello de Valdeorras, topacio líquido, sabor que tantas veces he podido disfrutar a la mesa de nuestra casa en Petín. Sabor de fruta madura y fresca, goloso, sabor a verano y a campo, sabor de juventud, pleno y redondo.

Asturias no es un lugar conocido por el vino de uva, sino por el de manzana. Sin embargo es posible encontrar una extensa oferta de caldos para paladear con calma. La mayoría son tintos de la Ribera del Duero y de La Rioja. Los blancos que más abundan son los verdejos de Rueda y los albariños de las Rías Baixas. Pero por primera vez me topé por casualidad con un vino riquísimo elaborado en mi pueblo. Erebo es su nombre, y, a buen seguro, no procede del Caos, sino de buena materia prima madurada por el sol de la Galicia suroriental, suavizada por la lluvia y por el agua del Sil, aderezada con olivo, orégano, laurel, zarzamora, miel y castaño.

¡Salud!


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viernes, enero 06, 2006

III

Por otra parte, debo añadir a todo lo demás que has sido para mí, además de ese soporte donde apoyarme cuando mi fuerza flaquea, la Alejandría que en su día te distrajo de la vida, a la que recurro cuando busco algo que sabes que me puede gustar leer, y esa persona que me ha recordado la inmensa utilidad de lo que ya conozco, la experiencia de haber leído y sentido en los textos de Marcel, el que me ha ofrecido imágenes de un mundo que no imaginaba todavía, invitado a volar sin tener miedo, a saber, también por otros, lo que es el amor, el dolor y la alegría.


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jueves, enero 05, 2006

II

Debo agradecer toda mi vida a M.B. que un día me dejase conocer las tripas de una editorial y me invitase a llenar algunas cajas con restos de impresión tan variopintos e interesantes que han merecido engrosar, si cabe, y siempre cabe, el proyecto que habíamos iniciado. De entre todos ellos tengo una especial predilección por algunas publicaciones de la colección Xabarín, dirigida a jóvenes de todas las edades, en la que figuran títulos y autores eternos, de los que pueden marcar una existencia y pervivir en una colectividad presente y futura. La última vez que estuve en Vigo, en casa de mamá, rescaté algunos que quería leer para guardarlos con celo en mis maletas y acercarlos definitivamente a mis cosas de ahora, a mi propia casa, a esta ciudad donde vivo actualmente. Leeré con fruición Alicia no país das marabillas, Alicia a través do Espello, Billy Budd, Cartas desde o meu muíño, O marabilloso mago de Oz, O primeiro amor (siguiendo con esta nueva adicción mía a los rusos) y Os reis magos, habiendo pensado en la magia de esta noche... Gracias de nuevo, M.

¡Feliz Noche de Reyes!



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Lo que más abundaba en casa eran los libros. En el salón había dos estanterías (cubrían las dos paredes que no tenían ventanas a la calle) repletas de volúmenes. Algunos títulos estaban repetidos; tal fenómeno respondía a que uno era de papá y el otro de mamá, de cuando eran solteros. Lo mismo que sus vidas, sus pertenencias más queridas acabaron uniéndose. La biblioteca comenzó como una colección de volúmenes que iba desde novela clásica (Rojo y Negro, Crimen y Castigo, Ana Karenina, Nuestra Señora de París), editados por Círculo de lectores, hasta libros sobre salud (manuales de enfermería o alguna especialidad médica), religiosos, divulgativos, ilustrados, de arte, de fotografía, álbumes, catálogos, diccionarios, ensayo, teatro (Shakespeare), poesía (Rosalía de Castro), revistas Life o National Geographic, enciclopedias (Larousse, Enciclopedia Infantil Carroggio), libros de cuentos, de mitología, de viajes, en catalán y en gallego, etc.

En un lugar con cuatro niños que irían creciendo no era extraño imaginar que tarde o temprano se irían rellenando los huecos que en los estantes pudiesen quedar, y de ese modo llegamos a la colocación de libros en doble y en triple fila. Otros tuvimos que dejarlos apilados en las baldas que papá colocó cuidadosamente en el desván, su paraíso particular. Los que íbamos agrupando mis hermanos y yo a medida que pasaba el tiempo, comprados ya con nuestros ahorros o regalados por otras personas, los guardábamos en las habitaciones, ubicados con mimo en algún rincón seguro y accesible. Contribuimos a la gran colección con libros en inglés, francés, portugués, gallego, catalán y hasta chino y, de repente, apareció el cómic. En estos momentos, vacíos ya los muebles, descansa todo en cajas mientras aguardan a ser colocados en otro lugar. Nuestros libros, de los cuales hay muchos que hablan de viajes, reales o figurados, se desplazan con los cambios de nuestras vidas, resultando tan nómadas como hemos sido nosotros mismos.


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lunes, enero 02, 2006

Hemos vuelto definitivamente a casa después de un recorrido festivo por la de mamá y la de tus padres. Estamos cansados, todo sea dicho, a pesar de las ganas con que hemos emprendido las respectivas visitas. Demasiados bombones como para empalagar.

No veía a mamá desde el verano. Por teléfono podía adivinar su alegría cuando le dije que pasaríamos con ella una semana. Vive sola desde hace algún tiempo en la casa donde hace el mismo tiempo vivíamos seis personas. Y aunque se niegue a admitir su soledad, resulta tan evidente que hasta se hace palpable en el aire enrarecido que rellena el espacio que ocupábamos con nuestro calor. Pero mamá siempre fue muy orgullosa y siempre ha usado una coraza que le cubre las partes blandas y que, pensaba ella, protegía a los que tenía alrededor de las adversidades. Sólo ahora sé, por las conversaciones telefónicas con otras personas ajenas a la familia, desde el aparato instalado en el pasillo de casa, indiscreto hasta el extremo de no poder decir una palabra de más, que mamá se retiraba a llorar a algún rincón durante la larga enfermedad de papá. Tan sólo ahora puedo imaginar su llanto las frías noches de invierno, los dilatados días del verano cuando estamos lejos. También sé que le duele que P. no haya pasado a verla este año por haber preferido estar con su chica paseando por Viena, a pesar de que proclame a los cuatro vientos nuestra independencia, poniendo como ejemplo la suya cuando joven.

Jamás me había parecido tan grande la casa del primer piso. Ahora parece un almacén lleno de cajas repletas de libros y otras cosas que hemos ido recogiendo. Se prepara una mudanza; a mamá le han concedido el traslado en su trabajo muy cerca de donde piensa vivir desde el mes de marzo. Mamá vuelve a la casa de los abuelos, ahora la suya propia, bajo cuyos aleros las golondrinas construyen sus nidos y desde cuyas ventanas siempre se ve una extensa porción de cielo que limita en la tierra con extensos viñedos a lo lejos, con la calle que lleva a la plaza, las casas próximas y un huerto con granados a unos metros.

Termina un año y comienza otro. Termina un espacio y un tiempo que nos fue común durante tantos días. Comienzan otras cosas, es el principio de otra existencia. Afortunadamente, la vida, nuestras vidas, continúan.


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domingo, enero 01, 2006

¡FELIZ 2006!



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