Herbario


jueves, septiembre 29, 2005

Era realmente un barrio muy distinguido. Las calles eran muy anchas, estaban muy limpias y casi desiertas. En los jardines, detrás de los muros y de las rejas de hierro, árboles seculares alzaban al cielo sus copas. Las casas, en los jardines, eran por lo general edificios alargados, chatos, de hormigón y cristal. El césped afeitado delante de las casas era jugoso e invitaba a dar volteretas en él. Pero por ningún lado de veía pasear a nadie por los jardines ni jugar en el césped. Puede que sus habitantes no tuvieran tiempo.

De niña no leí los libros que ahora estoy leyendo con avidez por los descubrimientos que me proporcionan las grandes obras de la literatura infantil y juvenil. En Momo, de Michael Ende, no sólo he descubierto una prosa sencilla, flexible y bien construida, sino también una sesuda reflexión sobre la vida y la muerte, la amistad, la infancia, la adultez y la vejez, el mundo, el dinero y el tiempo.


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miércoles, septiembre 28, 2005

Día libre

Me levanto sólo un poco más tarde de lo habitual. Desde que vivimos en esta casita, con ventanas con vistas al cielo y sin persianas, me he acostumbrado a seguir el rastro de la claridad del día, temprana en verano, más tardía ya en esta estación.

A veces me gusta escuchar, con la radio bajo la almohada tibia, las primeras noticias, aunque otras veces no lo hago por pura higiene mental, porque de lo existente, hay una marcada tendencia a elegir lo peor, el suceso, el desastre, la guerra, y termino girando la ruedecilla dentada con los ojos cerrados hasta que un clic me indica que el aparato está apagado. Normalmente vuelvo a quedarme dormida, como rendida después de un esfuerzo intenso, y alcanzo un estado tan profundo que hasta me da para soñar. Pero al despertar compruebo en el reloj que sólo han pasado diez minutos.

Entonces me levanto con calma a desayunar. Por el aspecto de la casa parece que el día anterior haya caído una bomba. Todo está fuera de lugar, partículas de polvo han caído sobre los muebles, la ropa limpia se apelotona en algún lugar, esperando el momento de la plancha, la ropa sucia en una pila sobre la lavadora dispuesta a ser lavada, las bolsas de la compra mal colocadas, los libros de las clases sobre una silla junto a la pared, las alfombras tapizadas de migas, las camas revueltas y las plantas sin regar. Tengo que leer y escribir, consultar el correo, responder a mensajes, atender llamadas, corregir ejercicios, preparar clases nuevas.

Demasiadas cosas por hacer y no sé por dónde comenzar hasta que comienzo. Cuando termino todo cobra otro aspecto, hasta yo misma, sudorosa, deseando un baño caliente y perfumado, mientras la música asciende hasta el tejado y llena nuestro aire, hasta la hora de marcharme a clase, después, quizás, de una merienda fugaz.

Regreso pasadas las diez. Hace horas que es de noche. Los ojos se van cerrando ante una película absurda. Mañana será un día de trabajo.


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jueves, septiembre 22, 2005

Cataclismo
"¡Hola, B! En momentos así me gustaría, me encantaría que pudiésemos estar más cerca y cuidarnos mutuamente. Hemos tenido telepatía en nuestros ataques, por lo visto... G. y yo pasamos gran parte de la noche en urgencias, después de haber pasado una tarde horrorosa en la que estallé en un llanto triste y desesperado. Además de triste me veía sin esperanza y sentía una angustia terrible en mi interior. Vomité hasta que no me quedó nada en el estómago y estuve unas cuantas horas interminables con dolor de cabeza, sudores, escalofríos y con un nerviosismo tal que me impedía conciliar el sueño. Llevaba algún tiempo bastante mal pero siempre me decía: mañana será mejor... Además el síndrome premenstrual de este mes fue absolutamente agobiante; no me soportaba ni a mí misma. Me pidieron en el hospital una consulta preferente en mi centro de salud con el especialista. Lo importante, me dijeron, es que mantengas el tratamiento de base pero que ha de ser valorado en la dosis actual y ajustado. Me explicaba una doctora que es normal hacer subidas y bajadas en una enfermedad como ésta y que posiblemente ayer atravesé por un pico. Asumo con la mayor calma posible todo esto que me ocurre y me tranquiliza saber que siempre hay alguien para escucharme cuando pido ayuda. Volví más tranquila a casa; la doctora me dio un sedante y dormí hasta las doce del mediodía. A las seis di una clase de francés en casa y en ese momento me pareció volver a la normalidad... Y luego G. y yo fuimos a pasear al parque de invierno y la luz era preciosa sobre los prados y... había un carrusel con espejuelos dando vueltas y vueltas mientras sonaba música de acordeón. En ese breve instante me sentí feliz, ya lo ves, recién pasada una crisis plena de angustia. Siempre es posible encontrar algo de bienestar en alguna parte. Tú también lo encontrarás. También me ha llevado mejor a ese bienestar el que todos tuvieseis ayer buenas palabras conmigo y, como cosa excepcional, leer ese bonito cuento que me has enviado. Sabes que te lo agradezco de corazón, abelliña.

Pues eso, vamos a superarlo, seguro.

Te queremos... mucho

R y G"


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domingo, septiembre 18, 2005

II

J. es licenciado en Filología Hispánica como yo. Lleva tantos años viviendo en Barcelona como yo en Oviedo. Al principio se fue a terminar la carrera y a estudiar Sonido. Luego buscó un empleo hasta debajo de las piedras. No hace ni siquiera un año que está trabajando en una empresa de venta de elementos informáticos y ya está hasta las mismísimas narices, lo mismo que sus compañeros. Trabaja diez horas diarias en el mejor de los casos, con jornada partida excepto los domingos, que aprovecha para ir al cine. Los lunes, su día oficialmente libre, se dedica a poner su habitación un poco en orden y a hacer la compra de la semana. Nos habló de su amigo M., un chaval que se ha metido en una hipoteca muy costosa, que tiene enfermo a su padre, que se aburre en los lugares que le gusta frecuentar a su novia, que es consciente de su garrulería de barrio y que se siente incapaz de escapar de ella, que se le va el tiempo de su juventud atrapado en un empleo que le proporciona el dinero justo. Bueno, casi lo mismo que a J. Pero a J. allí lo llaman "Hamlet" porque es el pensativo, el que se hace más preguntas de las evidentes, el que sale del metro siempre con un libro bajo el brazo, el que pone sus "músicas raras" siempre que no hayan puesto ya los últimos éxitos del verano o sintonizado los 40 principales. J., M. y los demás se dejan llevar con resignación por la corriente mientras les resulta imposible acceder tan sólo a un mordisco de tiempo para buscar otra cosa o para tomar un café juntos y contarse sus inquietudes. Mientras, el jefe que nada en su prosperidad, socio de su mujer y una cuñada, amasa el superhábit de las ganancias en espera de abrir otra tienda. Y en los ratos libres o en los días de cena y fiesta se saca del bolsillo la dosis de farlopa para olvidarse del mundo, de la realidad, de su propia miseria.

De la misma manera que a veces me he planteado lo útil que sería poder compartir el dolor entre muchas personas para que fuese lo más leve posible para quien lo siente, me planteo ahora lo útil que sería compartir el tiempo con quien no lo tiene. Esto mismo le dije a mi hermano y le ofrecí encantada, si así me fuera posible, unas horas del mío.
¡Lástima de J.!


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El ladrón del tiempo

Hace tan sólo unos días se marchó mi hermano J. Era la primera vez que estaba en nuestra casa y en la ciudad, así que pudimos hacer una vez más, tú y yo, de anfitriones. Lo pasamos muy bien juntos a pesar de que no pudimos disfrutar de muchos días ya que el trabajo ha comenzado, tú aprietas cada vez más con los estudios y él venía con el tiempo justo.

J. es mi hermano pequeño. Ese hermano con el que siempre me he llevado bien y que, desde su nacimiento (que por cierto no recuerdo) ha sido mi ojito derecho. Cuando yo tenía cuatro o cinco años, tras una rabieta con mi madre, dije que me marchaba de casa y me llevaba al niño conmigo. De pequeños compartíamos habitación en la casa de los abuelos más o menos hasta que yo me fui acercando a la adolescencia y vino mi hermana a dormir a la otra cama. Cuando era muy pequeño era yo la que pasaba más tiempo con él jugando. Le gustaba venir corriendo desde muy lejos hasta que llegaba a mis brazos para que yo lo cogiese y lo alzase hasta el aire. Un día, jugando en el pasillo de casa, su cabeza fue a chocar con un picaporte y se abrió una brecha. Como tuvieron que llevarlo a urgencias me asusté muchísimo y hasta me sentí culpable del incidente.


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miércoles, septiembre 07, 2005

Hace unos días que no me soporto ni a mí misma. Se trata de nuevo del SPM que vengo sintiendo de unos años para acá y que se va haciendo más agudo cada vez. De repente un buen día me levanto con un nudo en la garganta y siento ansiedad e hiperactividad, y tengo los ánimos por el suelo, y me preocupo por las cosas más de lo normal, y siento mi cuerpo torpe y lleno, como un globo hinchado que no se puede articular. Y van pasando los números en el calendario y cada fecha es, si cabe, peor que la anterior, en espera de que suceda el acontecimiento que dicta la biología humana para cada mujer en edad fértil. ¡Cuánto se ha hablado desde siempre de las manías de las mujeres!, de la histeria, dicho de otro modo, del mahumor o de la debilidad. Cuánto han hablado, mejor dicho, los hombres, esa otra mitad que desconoce casi en su mayoría, -o quiere desconocer para seguir ignorando sus propias debilidades-, el funcionamiento de los cuerpos y mentes de ellas. El SPM es un desbarajuste tal que se siente algo así como si en todos los rincones del cuerpo las hormonas estuviesen jugando a las canicas.

He comenzado a tomar perlas de aceite de onagra. El uso de la onagra o prímula está indicado para mitigar los síntomas de los que he hablado arriba y para otras muchas cosas.
También he vuelto a retomar mis clases de yoga tras el verano.

Salud y buenos alimentos.


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