
Como hace unos años que vivo en Asturias y lo normal es que esté empadronada en mi actual municipio de residencia, me parece lógico que ya no pueda participar, como desearía, en las elecciones de Galicia. Me hubiese gustado al menos poder sacarle un voto a Fraga, pero no he podido hacerlo. Sin embargo voto aquí con todos los derechos. Y no sólo tengo derechos sino obligaciones ciudadanas justas como el pago de unos impuestos que en teoría deberían de revertir en el contribuyente. Con esto aprovecho para declarar lo injusto y hasta abyecto que me parece el voto válido de hijos, nietos y hasta muertos, -como si de la deuda de acudir a San Andrés de Teixido se tratase-, de los que en otro tiempo se marcharon a buscar mejores oportunidades a lugares más propicios. Y que no me vengan diciendo que se sienten plenamente gallegos, aunque estén a miles de kilómetros. Es cierto que mantienen cultura y lengua hasta en terceras generaciones, es cierto que son un colectivo absolutamente tradicional, del mismo modo que lo pueden ser otros, lo que no les otorga un derecho natural a participar en su lugar de procedencia, ya que, del mismo modo que conocen y transmiten la tradición, ignoran la dureza cotidiana de la vida gallega en primera persona e in situ, a no ser que el rincón del Finis Terrae sea para ellos más que un hermoso lugar de vacaciones. Si el Estatuto les da el derecho a voto, es evidente que algo habrá que cambiar, cuando no tenemos el mismo derecho otros gallegos que vivimos limítrofes a esa comunidad o a unos pocos kilómetros, si los comparamos a las distancias transoceánicas. Desde Barcelona también reclaman su derecho a votar, alegando desigualdades entre unos emigrantes y otros? O todos o ninguno; no puede ser que unos sí y otros no.
El voto emigrante puede tranformar, y de hecho tranforma, el resultado final de unas elecciones. Por lo tanto no es una cuestión que haya que pasar por alto. Durante mucho tiempo ha beneficiado a Fraga; puede que lo vuelva a hacer, con lo cual la pesadilla de la mayoría absoluta seguirá sobrevolando Galicia como un capricho de Goya; puede que no, y que beneficie a otros con los que mi pensamiento es más afín. En cualquier caso, para cualquier partido, lo válido, necesario y eficaz para mantenerse de un modo sensato con los pies "en la tierra", sería considerar seriamente un censo electoral que no sobrepase las fronteras reales del país.
El voto emigrante puede tranformar, y de hecho tranforma, el resultado final de unas elecciones. Por lo tanto no es una cuestión que haya que pasar por alto. Durante mucho tiempo ha beneficiado a Fraga; puede que lo vuelva a hacer, con lo cual la pesadilla de la mayoría absoluta seguirá sobrevolando Galicia como un capricho de Goya; puede que no, y que beneficie a otros con los que mi pensamiento es más afín. En cualquier caso, para cualquier partido, lo válido, necesario y eficaz para mantenerse de un modo sensato con los pies "en la tierra", sería considerar seriamente un censo electoral que no sobrepase las fronteras reales del país.
Mañana se sabrán los resultados definitivos. No he perdido la esperanza de un cambio necesario. "¿Que nos va a ir mal?", arguyen muchos; lo importante es dar oportunidades a quien no las tiene y saber que el arrepentimiento es uno de los gestos más humanos. El que no arriesga, no gana; el que no se moja el culo no coge peces? el que no vota cambio se queda, para siempre, en lo que estaba. Y ese conservadurismo que todavía envenena a Galicia es lo que la va matando. El fruto del miedo tan sólo consigue individuos, -o colectividades, en el peor de los casos-, mezquinos y abnegados.
