Herbario


domingo, junio 26, 2005


Como hace unos años que vivo en Asturias y lo normal es que esté empadronada en mi actual municipio de residencia, me parece lógico que ya no pueda participar, como desearía, en las elecciones de Galicia. Me hubiese gustado al menos poder sacarle un voto a Fraga, pero no he podido hacerlo. Sin embargo voto aquí con todos los derechos. Y no sólo tengo derechos sino obligaciones ciudadanas justas como el pago de unos impuestos que en teoría deberían de revertir en el contribuyente. Con esto aprovecho para declarar lo injusto y hasta abyecto que me parece el voto válido de hijos, nietos y hasta muertos, -como si de la deuda de acudir a San Andrés de Teixido se tratase-, de los que en otro tiempo se marcharon a buscar mejores oportunidades a lugares más propicios. Y que no me vengan diciendo que se sienten plenamente gallegos, aunque estén a miles de kilómetros. Es cierto que mantienen cultura y lengua hasta en terceras generaciones, es cierto que son un colectivo absolutamente tradicional, del mismo modo que lo pueden ser otros, lo que no les otorga un derecho natural a participar en su lugar de procedencia, ya que, del mismo modo que conocen y transmiten la tradición, ignoran la dureza cotidiana de la vida gallega en primera persona e in situ, a no ser que el rincón del Finis Terrae sea para ellos más que un hermoso lugar de vacaciones. Si el Estatuto les da el derecho a voto, es evidente que algo habrá que cambiar, cuando no tenemos el mismo derecho otros gallegos que vivimos limítrofes a esa comunidad o a unos pocos kilómetros, si los comparamos a las distancias transoceánicas. Desde Barcelona también reclaman su derecho a votar, alegando desigualdades entre unos emigrantes y otros? O todos o ninguno; no puede ser que unos sí y otros no.

El voto emigrante puede tranformar, y de hecho tranforma, el resultado final de unas elecciones. Por lo tanto no es una cuestión que haya que pasar por alto. Durante mucho tiempo ha beneficiado a Fraga; puede que lo vuelva a hacer, con lo cual la pesadilla de la mayoría absoluta seguirá sobrevolando Galicia como un capricho de Goya; puede que no, y que beneficie a otros con los que mi pensamiento es más afín. En cualquier caso, para cualquier partido, lo válido, necesario y eficaz para mantenerse de un modo sensato con los pies "en la tierra", sería considerar seriamente un censo electoral que no sobrepase las fronteras reales del país.
Mañana se sabrán los resultados definitivos. No he perdido la esperanza de un cambio necesario. "¿Que nos va a ir mal?", arguyen muchos; lo importante es dar oportunidades a quien no las tiene y saber que el arrepentimiento es uno de los gestos más humanos. El que no arriesga, no gana; el que no se moja el culo no coge peces? el que no vota cambio se queda, para siempre, en lo que estaba. Y ese conservadurismo que todavía envenena a Galicia es lo que la va matando. El fruto del miedo tan sólo consigue individuos, -o colectividades, en el peor de los casos-, mezquinos y abnegados.


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miércoles, junio 22, 2005


¡Cuántas veces no habré oído, e incluso dicho yo misma aquello de, llegado el verano, "ahora no pienso hacer nada"!

¡Cuántas otras veces no me habré aburrido pasada una semana de que diesen las vacaciones en el colegio o en el trabajo! En realidad la expresión no se ajusta a lo que se desea. Sí, es cierto que en principio lo que más atrae es "desconectar", cortar todo vínculo posible con lo que estabas haciendo, que, a fuerza de ser monótono y muy continuado, acaba por cansar, sobre todo si se trata de una actividad que detestas.

Nunca conseguí llegar a odiar el colegio. Me lo pasaba bien con mis compañeros y algunos profesores hacían que consentían hablar y comer golosinas escondidas en los cajones de los pupitres a cambio de no dar golpe una tarde de galvana. En el instituto había que estudiar un poco más, pero me gustaba la variedad de las asignaturas y el trato con la gente. Creo que nunca tuve que examinarme en septiembre y por eso, en esa época, solíamos hacer un pequeño viaje en junio o antes de comenzar el curso. En la facultad ya fue todo muy diferente y deseaba tanto las vacaciones que algún curso iba tachando cada día un número del calendario. Prácticamente se habían terminado las vacaciones. Recuerdo algún verano leyendo a contrarreloj todo el programa de obras obligatorias del Siglo de Oro. Pero esa etapa también terminó.

Puedo decir que mi trabajo me satisface mucho, que es algo que querría hacer durante toda la vida. A estas alturas tan sólo me queda un alumno al que doy clases particulares de francés, a lo sumo volverá B. a pedirme alguna clase más de sintaxis y el verano se presenta de repente, desnudo, inmenso, caluroso. He llegado hasta aquí, contagiada por la costumbre, con lo de "no pienso hacer nada", cuando soy la primera en no creérmelo. No ha estado tan mal el resto del año; he tenido tiempo de trabajar y de estudiar, de pasear, de descansar, de divertirme y hasta de viajar. No deseo otra cosa que sea muy diferente a eso; el descanso más preciado es el que existe en función de periodos activos. Por eso estamos planeando dos salidas de algunos días a ciudades con mucho que ofrecer, he decidido pintar el dormitorio y cambiar las puertas del armario, limpiar el suelo de madera como Dios manda, meterme a fondo con el caos que queda en el trastero, hacer ejercicio a diario, terminar el volumen con toda la obra de Chejov, escribir más, empezar a copiar para ti una pintura minoica llamada La parisina, marcharnos un mes para ver a mamá y pasear por el pueblo, ser buenos anfitriones para los que quieran venir a visitarnos.

¡Cómo se parece todo a las buenas intenciones con las que empezábamos un nuevo curso!; en el fondo, y lo sabemos, nada es como lo imaginamos.


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miércoles, junio 15, 2005

Rebespierre
Hace unas semanas oí en algún telediario de algún canal que España era un país rico, a pesar de la sorpresa que dicha realidad provocó en la gente que se enteró de la noticia. Debo decir que no fui de las que se quedó estupefacta ante tal afirmación, más bien me pareció que corroboraban algo que venía pensando desde hace mucho tiempo. Y es que si no, ¿cómo se explica que el español medio se pase tanto tiempo en el bar, acumulando minutos tras la barra día tras día, tomando cafés, copas, puros, refrescos, pinchos o tapas varias? ¿cómo es que se va de vacaciones cada verano en coche propio con la prole en busca de una playa en Levante? ¿cómo, agotadas las ideas en las que invertir el dinero, se decanta por los productos más punteros en tecnología informática, imagen y sonido, fotografía digital y automoción?

El colmo del artificio es la manera de proceder de aquél que, estando en paro o siendo jubilado, pongamos por caso, teniendo a su cargo una familia numerosa y hasta un perro, imita el modo de vida del que sí puede hacerlo sin tapujos y no le sale mal, al contrario. A eso lo llamo yo "vivir del aire" a base de bien. No me extraña que se aproveche cada vez más la "oportunidad" de la prejubilación.

Estar inscrito en la Oficina de Empleo como demandante del mismo es una desgracia; pero si se consta como titular de una Prestación por Desempleo, eso ya es bastante diferente. Si unimos la subvención al fraude de alguna ocupación sumergida que no requiera ni media hernia, se pasa en un pis pas de la miseria al chollo, hasta el punto de pensar en unos días extra en la Riviera Maya.


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martes, junio 07, 2005

Hoy se cumplen dos años de la muerte de papá. Dos años hace que le escribí estos versos:

¿Por qué te marchaste tan pronto,
Cuando todavía no era ni siquiera verano
Y sabías que duelen como heridas arañadas los días largos,
Puros, soleados, sin que tú estés o puedas regresar?

Ya no hay espejos que sepan recorrerte
Ni piedras que vayan disolviendo tus pisadas
Y tu casa es mínima, separado del mundo para siempre
Pero tu país desconocido y certero e infinito
Es una reconciliación con el silencio que quizás deseabas
¡tan extraño era ya gritar contra la vida!

Entonces no acudí a tu llamada inaudible
Porque el último día fue como el primero:
No sabías hablar ni qué eran las palabras
Lo supiste tan sólo un breve instante, antes de olvidarlo,
Y ese instante me miraste dulcemente, veinticuatro veces repetida,
Desde siempre,
Sonriendo, cogiendo yo tus manos ya sin fuerzas
Recordándote mientras exista este dolor

Sin embargo, hoy ha sido un día hermoso; he recordado la alegría de hace tiempo, como no había podido hacerlo hace dos años.


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