Herbario


jueves, marzo 17, 2005

Mañana temprano tengo una consulta de preoperatorio en el Hospital. Debo estar allí a primera hora para solucionar unos líos de papeles y para acceder a unas pruebas analíticas. En realidad no sé exactamente en que consistirá. Mañana lo sabré todo, lo cual no me impide sentir esa inquietud que se me agarra al estómago. Y no es que me dé miedo la consulta de mañana, sino que me indica que en un período más o menos breve estaré en un quirófano donde me extraerán, todas de una vez con anestesia general, las muelas que no han querido salir a su tiempo y que pensaba, ingenua de mí, no tenía.

Pero el tiempo fue pasando desde la última consulta con el cirujano maxilofacial sin que casi me diese cuenta de ello si no es porque, justo al atravesar el paso de cebra que señala el límite entre Villa Magdalena y la cercanía del colegio donde enseño, ahora me invade, según la dirección del viento, el perfume dulzón de las mimosas florecidas y me halaga la vista, dependiendo del ángulo desde el que mire, el esplendoroso magnolio chino todavía sin hojas pero con flores blancas veteadas de malva.

Se aproximan también las vacaciones de Pascua. Como cumplo el mismo horario que los niños, el 18 daré mi última clase antes de la semana libre. Nos marchamos a Vigo hasta el domingo 27. Vamos a ver a mamá y a recorrer espacios conocidos adornados de camelias que huelen a sal. La luz será la misma que ya no puedo discernir de otra en mi memoria. Al mismo tiempo sufriré la punzada del asfalto y el desorden, y la claridad del sol, despiadada sobre esa dureza. Pero me reconforta que no lejos, junto a patios umbríos de viejos árboles, existe Cinco Rúas y A Cazoliña, y bancos de piedra donde brilla la mica, abovedados con ramas de azahar. Y que más adelante, siguiendo el Camino, es posible sentarse en sillas de jardín de forja lacada en blanco y descubrir, alrededor de una fuente, la novedad de las hojas del ginkgo biloba.


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domingo, marzo 13, 2005

Papá habría cumplido hoy 64 años. Lo echo terriblemente de menos. Hoy es uno de esos días en que la melancolía que llevo dentro rebasa el volumen de mi cuerpo. Y encima es domingo.


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sábado, marzo 12, 2005

Confieso abiertamente que no me llevo bien con los ordenadores. Siempre me causan problemas a los que no encuentro solución. Ahora, sin ir más lejos, que tengo que escribir desde otro de éstos, una vez consigo llegar a blogger.com para modificar el texto anterior (quería al menos justificar la alineación) me sorprendo porque no veo sobre el cuadro de edición de posts la barra de herramientas. Y así me quedo hasta que alguien me eche un cabo...

Buenas tardes de sábado a todos.


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jueves, marzo 10, 2005

Ave Fénix

Hace unos días se nos fue al garete el ordenador. De pronto, una mañana intenté encenderlo para mirar mi buzón de correo electrónico y ¡paf!, no le dio la gana de acceder a mi capricho. Quizás haya decidido ponerse en huelga. En el fondo sé que uno de estos cacharros es demasiado ingenuo para urdir alguna maldad. Pero al menos bien habría podido ir avisando, así me encargaría, a la fuerza, de lanzarles algún salvavidas a los archivos más importantes.

Lo he perdido todo. Como no es la primera vez que ocurre, tampoco me parece tan extraño. Y como en otras ocasiones he salido a flote, aunque conozca bien el esfuerzo que representa, sé que para ésta será lo mismo. El ave Fénix resurge de sus cenizas, como cuenta el mito. Lampedusa escribía en El Gatopardo que es preciso que todo cambie para que todo siga igual. Y como dicen que no hay mal que por bien no venga, pienso que quizás mis carpetas necesitaban una limpieza, que había que enviar a la basura todo aquello que no me atrevía a tirar y que eso, poco a poco, en su recuperación y novedad quizás resulte mejor que lo anterior. Como cuando ves una fotografía en la que llevas una ropa de dos décadas atrás con la que te sentías guapa y ahora te da una vergüenza terrible enseñar... O como cuando te recuperas de una enfermedad y te dedicas a disfrutar de una vida nueva y olvidar lo que ha pasado.

Así pues, avanti.


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martes, marzo 01, 2005

Escuela de lenguas

Es indudable que internet puede ofrecer múltiples oportunidades para el estudio; el caso es saber aprovecharlas bien.

En lo que respecta al estudio de lenguas, tema que me ha interesado desde siempre, creo que la red brinda un amplio océano de posibilidades. En un principio puede convertirse en enciclopedia o manual de consulta; luego puede llevarnos a la lectura, in situ, de textos escritos en lenguas que nos interesan y hasta convertirse en invitación a participar en los mismos. Pongo como ejemplo el entramado de diarios en red que están surgiendo por todas partes.

Si los textos interesan en sus formas o contenidos, la lengua acaba no siendo un obstáculo, a la cual accedemos, además, voluntariamente y de buena gana, no como asignatura obligatoria de ningún sisitema educativo por el que hay que pagar un arancel en forma de examen. Lejos de todo eso, lejos del resentimiento y la urticaria que a muchos les producen las obligaciones y más si les suenan a ajeno, la lectura en otros idiomas resulta satisfactoria y aporta al que la practica, no sólo agilidad de pensamiento, sino cosmopolitismo, apertura de miras e interés creciente por realidades que desconoce.

En ese sentido encuentro absolutamente gratificante pasear por espacios de diferentes paisajes, acentos y palabras, donde me encuentro asimismo con otros como yo. La satisfacción se vuelve plena cuando llegamos a participar en los mismos asuntos que nos atañen, lejos de pensar que los distintos pueblos del mundo son diferentes respecto a cuestiones universales.

Quiero manifestar mi agrado por haber encontrado un blog gallego a través de la lectura del esstupendo diario de una andaluza. De la misma manera, habiendo aceptado la invitación de brétemas, sigo manteniendo un vínculo cultural y afectivo con aquello de lo que me he alejado solamente en distancia física.

Es tarea de todos conseguir que las lenguas no produzcan enfrentamentos entre las personas sino todo lo contrario. No vayamos a estas alturas a ponernos a luchar en guerras santas; hace ya mucho tiempo de aquello. Ser comprometido no implica ser ni intransigente ni mentecato.


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