Estos últimos días no se hace más que ensalzar la figura del maestro en los medios de comunicación. Incluso hay anuncios en los que una serie de personas conocidas agradecen públicamente el importante papel de los docentes en sus vidas.
No son muchos los maestros que me hayan trazado el esbozo de mi camino, pero los que han sido, los recordaré para siempre con pensamientos agradables. No pueden ser muchos los maestros que influyan determinantemente en la vida de una persona ya que, como en todos los oficios, hay buenos y malos profesionales. No es lo mismo dominar una materia que saber difundirla; he ahí, sobre todo, la tarea de quien enseña.
Julio consiguió que alcanzase a reconocer las hojas de un árbol sobre una mesa y saber que las agallas de los árboles no son frutos, sino casas de cría para las avispas; Antonio, profesor de matemáticas, me hizo saber que cálculos y teorías trascendían a métodos, pero descubrimos que las aficiones comunes eran la música y el dibujo. Él fue mi único profesor de matemáticas que no admitía una falta de ortografía; Anxo me enseñó a apreciar la forma de las palabras en los textos y descubrir la literatura del mundo a través de escritos en gallego. Gonzalo me adentró en las tripas de una editorial y me prestó películas y libros que no sabía que existían, y con los cuales, amplié mi visión del mundo. Mari Carmen me enseñó a saber mirar y a constatar que el cielo a veces no es azul ni la hierba verde. Cézanne adquirió entonces una buena consideración, cuando antes no era capaz de encontrar nada en su pintura. Montse me enseñó a respirar y, con ello, a nacer de nuevo después de mi muerte. Gracias en parte a la generosidad de todos, ahora soy lo que soy.. Y espero saber por mí misma desarrollar la misma labor que ellos con mis propios alumnos o, al menos, aproximarme.
Nunca hubiera pensado que llegaría yo misma a ser maestra, pero me veo en la situación y he llegado a adorar mi trabajo. Estoy abierta al diálogo y se me da muy bien escuchar con serenidad. Los primeros días siempre son difíciles. Luego todo se va dulcificando. Los disgustos y la incomprensión se convierten en entendimiento y a veces recibes una recompensa en forma de: ?haces que todo sea fácil?
Todas las personas tienen algo que enseñar a los otros y siempre, en alguna parte, hay alguien dispuesto a escuchar.
No son muchos los maestros que me hayan trazado el esbozo de mi camino, pero los que han sido, los recordaré para siempre con pensamientos agradables. No pueden ser muchos los maestros que influyan determinantemente en la vida de una persona ya que, como en todos los oficios, hay buenos y malos profesionales. No es lo mismo dominar una materia que saber difundirla; he ahí, sobre todo, la tarea de quien enseña.
Julio consiguió que alcanzase a reconocer las hojas de un árbol sobre una mesa y saber que las agallas de los árboles no son frutos, sino casas de cría para las avispas; Antonio, profesor de matemáticas, me hizo saber que cálculos y teorías trascendían a métodos, pero descubrimos que las aficiones comunes eran la música y el dibujo. Él fue mi único profesor de matemáticas que no admitía una falta de ortografía; Anxo me enseñó a apreciar la forma de las palabras en los textos y descubrir la literatura del mundo a través de escritos en gallego. Gonzalo me adentró en las tripas de una editorial y me prestó películas y libros que no sabía que existían, y con los cuales, amplié mi visión del mundo. Mari Carmen me enseñó a saber mirar y a constatar que el cielo a veces no es azul ni la hierba verde. Cézanne adquirió entonces una buena consideración, cuando antes no era capaz de encontrar nada en su pintura. Montse me enseñó a respirar y, con ello, a nacer de nuevo después de mi muerte. Gracias en parte a la generosidad de todos, ahora soy lo que soy.. Y espero saber por mí misma desarrollar la misma labor que ellos con mis propios alumnos o, al menos, aproximarme.
Nunca hubiera pensado que llegaría yo misma a ser maestra, pero me veo en la situación y he llegado a adorar mi trabajo. Estoy abierta al diálogo y se me da muy bien escuchar con serenidad. Los primeros días siempre son difíciles. Luego todo se va dulcificando. Los disgustos y la incomprensión se convierten en entendimiento y a veces recibes una recompensa en forma de: ?haces que todo sea fácil?
Todas las personas tienen algo que enseñar a los otros y siempre, en alguna parte, hay alguien dispuesto a escuchar.

