20040518
A pesar de las recomendaciones de la erre.a.e., la lengua se nos ha quedado cortita.
Lo digo por propia experiencia, por mucho que me la cepille, por muchas gárgaras que haga con agua bendita, debo tenerla manchada y sin fulgor, y, además, no puedo dejarla quietecita, y así estoy, que no se me entiende, que por mucho que me esfuerce sólo oigo un dulce lamento, un ooooooh!, un aahaaah!, sigue, más… Y la verdad, es frustrante pues persigo elocuencia. Menos mal que hago uso de la otra lengua, la del amor, y sin ningún tipo de recomendaciones, sólo las higiénicas, mi amor y yo, a plenitud, nos entendemos perfectamente.
Expediente nº # 16:48
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