20040427
Carta interna dirigida al Comité Izquierdo de la Secretaria en funciones para Temáticas Cuénticas
Queridos colegas:
Vengo del Psiquiatra.
He tenido que acompañar a una novela que amenazaba con suicidarse por una grave crisis de personalidad.
La primera vez que nos escribió al Emececé no sospechamos que la cosa podría desembocar en tal desenlace.
... hombre, nos escriben muchos cuentos, personajes, autores... e incluso editoriales, para que mediemos en la publicación de un personaje que invoca el derecho constitucional de la intimidad... Unas cosas que... en fin...
... el caso es que a esta novela no le hicimos mucho caso, la remitimos a nuestro Departamento de Letras con Sintomatologías Patológicas en Estado Crónico y ahí tenemos a nuestro experto en filologías arábigas el Doctor Don Mateo Mateos López en cuyo criterio siempre confiamos...
... así que imaginaos la sorpresa de entrar en mi soberbio despacho del emececé y me encuentro que justo sobre mi magnífica máquina de escribir está el libro, colgado por su propio marcapáginas de seda burdeos.
Ya en el diván del psiquiatra la novela se ha explayado en pormenores que nosotros desconocíamos, (o así debemos hacer constar en el informe claro está buena la tendremos si descubren uy y además con lo del cambio de gobierno en fin... )
Sucede que la novela nace de las manos de su autor, se cree que es la reina de los mundos porque es la niña de los ojos de su autor y así también lo especifica el editor porque la publica entusiasmado y el distribuidor porque la distribuye fascinado y entonces sale al mundo real, a la puta vida que decimos los humanos y chás... a unos lectores les gusta a otros no otros la olvidan en el metro otros la ponen a bajar de un burro en reseña en el babelia y claro, ésta que se creía que era buena y era maravillosa y que eso era un hecho in-cuen-tio-na-ble, se encuentra de pleno con una crisis de personalidad de tres pares de narices semitas (que son más grandes que las de la media habitual).
La novela en cuestión moquea, llora, empapa sus páginas, se emborrona a sí misma y no sabe si es Ob-je-ti-va-men-te buena u Ob-je-ti-va-men-te mala.
Y ahí la hemos dejado, internada, necesita un tratamiento con antidepresivos y una buena terapia psicoanalítica que la ayude a vencer la inseguridad y fomente su autoconfianza, independientemente a que la lea un fontanero, el típico crítico pedante de turno o la vecina del tercero izquierda.
Consejera No-Delegada de la Transmisión de Escrituras en Morse
Expediente nº # 09:14
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